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“El camino hasta ahora”

Finalmente podemos decir que han pasado un par de meses desde que nuestro proyecto, “OTYUM”, se convirtió en una realidad, dos meses desde que estamos en el mercado y desde que empezamos a ver los primeros resultados. Por eso, creemos que es hora de ponerse un poco más serios, soltar aire y ver la situación con perspectiva, de echar la vista atrás y como dice el título de esta publicación, pararse a pensar sobre el camino que hemos recorrido hasta ahora. Es hora de que conozcáis un poco más sobre el equipo que se esconde detrás de OTYUM.

Como siempre, debemos empezar por el principio, aunque esta no es de las historias que comienzan con “Érase una vez”, ni tampoco de las historias que estarás acostumbrad@ a escuchar sobre emprendedores/as tan exitosos como Mark Zuckerberg, Steve Jobs o, incluso, Amancio Ortega, con empresas que facturan miles de millones cada año. Simplemente empezaremos por el principio, por el día en el que cuatro personas descubrieron y se vieron atraídos por el “emprendimiento”, un concepto que habla sobre locos y valientes, sobre riesgos y posibilidades y sobre un largo etcétera de connotaciones tanto positivas como negativas y que aún así consigue llamar tu atención, despertar algo de inquietud y ambición en el interior.

Pues bien, OTYUM nació hace cuatro años, aunque no con el mismo nombre ni haciendo una ginebra espectacular. Era 2017 cuando cuatro científicos, estudiantes de biología y biotecnología, sin aún saberlo iban a juntarse para crear los futuros cimientos de lo que hoy en día es una realidad. Sinceramente, quien nos conociese quizá pensaba que había pocas posibilidades de haber acabado así, sin embargo, había señales muy claras que fueron el principio de todo. Dos estudiantes de biología de la Universidad Complutense de Madrid, un estudiante de biotecnología de la Universidad de Murcia y otro estudiante de biotecnología de la Universidad de Zaragoza. Ahora vamos a contar nuestro pasado, aunque no vamos a daros los nombres, averiguar quién es quién será cosa vuestra.

Por aquel entonces, uno de ellos había dejado la carrera y decidió apostar por lo que más le gustaba en la vida: el arte, la fotografía, el escenario, etc. Seguramente una de las decisiones más difíciles que había tenido que tomar nunca; sin embargo, eso sí fue valentía y una señal clara que mostraba la persona en la que se iba a convertir en un futuro no muy lejano. El segundo de ellos, cuando terminó sus estudios, decidió hacer un Máster de Biología Vegetal en la Universidad Complutense de Madrid y, cuando lo finalizó, comenzó sus estudios de doctorado, con el fin de lograr uno de sus sueños, que era ser docente en una gran universidad como en la que él mismo había estudiado e impartir clases de biología. Un trabajo duro y lleno de riesgo que también definiría sus inquietudes futuras.

Ese mismo año, llegando desde Zaragoza a la capital, el tercero de ellos realizó el mismo Máster de Biología Vegetal de la Universidad Complutense. Tras acabarlo y con esfuerzo y unas excelentes cualidades, comenzó a trabajar en una de las mayores multinacionales a nivel mundial. Una capacidad de esfuerzo y dedicación indispensables que le convierten en alguien imprescindible que no pasaría desapercibido en el futuro.

El cuarto y más joven, llegado de la Región de Murcia a la capital, cursó el mismo Máster de Biología Vegetal en la Universidad Complutense. Sin embargo, lo realizó en un año distinto al de sus compañeros. Tras acabarlo, rápidamente salieron a la luz sus dotes creativas y emprendedoras; siempre quería más y no cejaba en sus intentos por trabajar duro y crear algo “propio”. Para él, la palabra rendirse no estaba en su vocabulario, algo que sin duda dirigió todos sus pasos en el futuro.

No había ninguna conexión aparente que llevase a estos cuatro estudiantes camino del emprendimiento, por lo que cabe preguntarse: ¿Cómo acabaron así? Realmente sí hubo una serie de eventos que pusieron a estas personas en un mismo camino y los llevó a construir algo propio como OTYUM. En el Máster que realizaron en común, conocieron a una gran profesora que marcaría un antes y un después en sus vidas, una persona que les enseñó a ir un paso más allá, a conocer el emprendimiento y a lanzarse a la aventura. Además, durante el curso 2017 – 2018 salía un programa de emprendimiento en la Universidad Complutense en conjunto con el Banco Santander para la creación de nuevos proyectos: Explorer Jóvenes con Ideas.

Desde ese momento, las cartas estaban sobre la mesa y tocaba jugar bien la mano. El chico que estaba haciendo el doctorado comenzó a darle vueltas y vueltas durante las largas e interminables tardes de laboratorios. Hasta que dio con una idea, una pequeña idea que tenía que moldear, aunque era consciente de que no podía hacerlo solo. Fue entonces cuando llamó a uno de sus mejores amigos y le propuso la idea, la cual le cautivó y se apuntó sin dudarlo. En ese momento, el primero de ellos, el biólogo que quiso ser artista, hizo crecer el equipo. Aunque aún no era suficiente, necesitaban algo más y desde Zaragoza, para poner cordura, llegó el tercer socio.

Una vez formado el equipo de tres, llegaron a Explorer, donde pronto aprenderían sobre marketing, publicidad, finanzas, etcétera, todo lo necesario para tener en cuenta a la hora de emprender. El programa transcurrió con normalidad y poco a poco verían cómo su proyecto cogía forma. Además, allí se encontraron con el cuarto componente del equipo, con el que no tenían tanta relación pero que el doctorando conocía, ya que le veía por las aulas del máster. Pronto se hicieron grandes amigos y llegó la pregunta: “¿Te atreverías a formar parte del equipo?” El más joven de ellos, el que sentía que nunca era suficiente y quería sacar las cosas adelante, vio una nueva oportunidad y no pudo resistirse: “Sí, me atrevo”.

Fue ese el preciso momento en el que sin saberlo los cuatro amigos estaban dando vida al futuro proyecto de OTYUM. No fue tarea fácil. Debían aprender todo lo necesario, por lo que, se pusieron a estudiar por su cuenta y hacer cursos para saber más sobre cómo emprender y todo lo que debían tener en cuenta. Además, sentían que hacían todo mal, que desde el minuto cero parecían haberse equivocado: no eran un equipo multidisciplinar, pero coincidían en las mismas ganas por crear algo nuevo; que funcionara o no, solo iba a depender de ellos. Cada vez surgían más problemas y tenían que afrontarlos mientras hacían su vida y trabajaban en otras cosas para poder invertir sus ahorros en el proyecto. Seguramente esa situación favoreció en gran medida la decisión final de emprender, ya que, tanto el ámbito artístico y cultural como la ciencia son muy inestables y precarios. Acabarían siendo sus propios jefes; iba a ser complicado, pero no pintaba mal. Durante todo este camino, el proyecto fue pivotando, y nada tenía que ver con lo que al final ha terminado siendo. Dudas, estrés, nervios, y de nuevo, las mismas ganas de crear OTYUM. Ya no había vuelta atrás.

Lo meditamos muchísimo, no sin enfrentarnos a las preguntas y comentarios de familiares que, aunque en nuestros casos recibimos mucho apoyo desde el primer momento, suena siempre la típica joyita como, “es mucho riesgo, ¿no es mejor un trabajo de verdad?”, “¿no es mejor algo más estable?”. Pero si mirábamos hacia fuera, veíamos cómo nuestros trabajos eran igual de precarios e inestables. Ese momento y ante el malestar laboral decidimos tomar las riendas de nuestras vidas y ser nosotros quienes asumiésemos el riesgo total de ellas. Fue entonces, a principios de 2020, cuando después de años de formación, aprendizaje y de presentar el proyecto a premios y concursos, nos decidimos a lanzarnos a la piscina. De hecho, estábamos en marzo, y nos encontrábamos en el banco iniciando los trámites para abrir nuestra primera cuenta bancaria en común con la empresa, cuando de pronto la pandemia mundial que asolaba todo, cortó nuestras alas y no pudimos continuar. De pronto todo por lo que habíamos trabajado quedó en el aire. No sabíamos qué hacer.

Una decisión, ahora o nunca y fue entonces en el mes de septiembre de 2020 cuando nos volvíamos a resurgir de nuestras cenizas. El virus no iba a frenarnos y en ese momento es cuando íbamos a aprender lo que era emprender. Invertir nuestros ahorros en nuestro proyecto, ante un escenario tremendamente ralentizado por la situación socio – económica, era demasiado arriesgado, pero no queríamos rendirnos pese a las circunstancias. El tiempo iba pasando y nosotros no veíamos nuestro proyecto, siempre surgía algún problema y es cierto que ahora nos reímos de muchos pero seguramente si algo podía salir mal a nosotros nos salía peor. Finalmente llegó 2021 con retraso y en febrero estábamos preparados, teníamos todo para empezar una carrera de obstáculos. Ahora lo vemos y parece que nada de lo que aprendimos durante años nos sirvió, cada día es una nueva lección. Y lo que en un principio parecía un problema con un equipo nada multidisciplinar y que no iba a funcionar, hoy en día es un equipo con el que se puede sacar cualquier cosa adelante. Quizá no tengamos los conocimientos necesarios, pero sí tenemos otras aptitudes que a día de hoy son imprescindibles, producto de todas aquellas cualidades que al principio pasaban desapercibidas: el inconformismo hacia la felicidad y hacer algo que te llena y te gusta, la ambición y la autoexigencia para crear algo bueno y hacerlo crecer, la capacidad de aprendizaje y el trabajo duro y constante, la gestión y la capacidad de generar un ambiente de crecimiento personal y la capacidad de liderar y no rendirse cuando todo sale mal.

Ahora es el momento de seguir adelante y hacer frente a todos los desafíos que quedan por llegar.

#sacatufrutainterior

by OTYUM

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